jueves, 19 de julio de 2012
Presentación Guerrillero del Tiempo, por Patricio Echegaray
Presentación a la edición argentina de Fidel Castro Guerrillero del Tiempo por Patricio Echegaray*
El pensamiento y el espíritu del guerrillero del tiempo
La obra que el lector tiene en sus manos constituye un hito fundamental en la historia del pensamiento revolucionario. Las conversaciones que su autora, Katiuska Blanco, sostuvo con el Comandante Fidel Castro Ruz son el origen de Fidel Castro Ruz, Guerrillero del Tiempo, biografía del líder cubano que abarca desde la infancia de Fidel en la casa de Birán hasta diciembre de 1958, momentos previos al triunfo de la revolución. Tenemos el honor de presentar por medio de Cartago Ediciones la edición argentina de sus dos primeros tomos.
A lo largo de estas páginas, en un relato en el cual hace gala de una memoria envidiable, Fidel Castro vuelve la mirada sobre acontecimientos lejanos en el tiempo, que sirven para descubrir en su lectura los cimientos sobre los cuales se irguió la figura de uno de los líderes revolucionarios más importantes de la historia.
En la detallada descripción de estos años, nos encontramos ante la fuerza del pensamiento y del espíritu del hombre que, asaltando el cuartel Moncada, abrió los procesos de segunda independencia americana al punto de que supo transformarse de acusado en acusador y plasmó, en La historia me absolverá, el programa actual para la liberación de nuestros pueblos.
Consecuente con esta línea acción, Fidel fue uno de los principales impulsores de los sucesos de Mar del Plata, donde en el año 2005 se logró impedir la maniobra del imperio que buscaba imponer el ALCA, abriendo un proceso de aceleración en la integración de los pueblos de Latinoamérica y el Caribe.
A medida que avanzamos en la lectura verificamos que nada de esto fue obra de la casualidad, que estamos frente al estadista y revolucionario que logró volver inseparables en su país los conceptos de patria y socialismo, frente a quien mejor ha comprendido la esencia del monstruo imperialista y lo enfrentó, saliendo airoso de los ataques de las últimas quince administraciones de los EE.UU, a las que confrontó al frente del heroico pueblo cubano en todos los terrenos, derrotándolo en Playa Girón, soportando el bloqueo y resistiendo hasta el día de hoy.
Es quien con sus reflexiones continúa iluminando los procesos de liberación y emancipación que han tomado un nuevo aire en la región, poniendo en práctica su concepción de que la solidaridad internacionalista es un principio inalienable y, desde esa convicción, continúa expresando su afecto por la Argentina y manteniéndose firme en su solidaridad con nuestros reclamos por Malvinas.
Fidel es el hombre que nos alertó y nos ayudó a luchar contra la deuda externa, entendiéndola como un arma más del arsenal de los poderosos contra nuestros pueblos. Quien supo ver en profundidad la crisis que enfrentaba el capitalismo, y no dudó en caracterizarla como la crisis civilizatoria de una sociedad basada en la explotación del hombre por el hombre.
Consciente de esto, es quien nos ha convocado a librar la batalla de ideas y quien dando ejemplo de consecuencia con los intereses de su propio pueblo nos impulsa a ser fieles en la lucha por la liberación nacional y social.
Como precursor e impulsor de estos procesos, al mismo tiempo que celebra los avances de nuestra región en sus intentos por romper con el Consenso de Washington y dejar atrás el lastre neoliberal, nos dice que todo proceso de liberación nacional enfrenta los límites del sistema capitalista y necesita debatir sobre la necesidad de una perspectiva poscapitalista, el comunismo.
Sin embargo, nos animamos a decir que nunca fue tan grande y digno de admiración como cuando ante la derrota del llamado socialismo real, se puso al frente de quienes en cualquier lugar del mundo alzamos nuestra voz y enfrentamos la contrarrevolución conservadora y sus soberbias pretensiones de declarar el “fin de la historia” y celebrar los funerales del marxismo y las revoluciones.
Fidel nos advirtió tempranamente de que tras la agresividad y la soberbia imperial asomaba la crisis del sistema capitalista, y que éste no tiene respuesta estratégica para los problemas energéticos, económicos, ecológicos y financieros que amenazan la salud del planeta y ponen en peligro a la propia humanidad.
Es el hombre que nos enseñó que la dignidad de nuestros pueblos y el ejemplo de líderes como José Martí, Ernesto Che Guevara y los héroes de la primera independencia son un arma esencial en los procesos de liberación nacional y social.
Hoy aseguramos que su ejemplo y su dignidad representan un luminoso faro con el cual nos guiamos en el camino de la revolución y la liberación de nuestros pueblos.
Finalmente, queremos agradecer a todos quienes han hecho posible la publicación de esta obra y dejar constancia de que nos sentimos emocionados y conmovidos por la distinción que el Comandante Fidel Castro Ruz ha tenido al confiarnos la publicación de su edición argentina.
* Secretario General del Partido Comunista de la Argentina.
Para adquirir el libro pueden ingresar en http://www.club-libro.com.ar/
martes, 25 de octubre de 2011
El triunfo de Cristina y los desafíos futuros
El contundente triunfo, de proporciones históricas, logrado por Cristina Fernández y la magra cosecha electoral alcanzada por los sectores de la derecha nostálgicos de las políticas que reinaron en el país de la mano del Consenso de Washington en la década del 90, resulta un dato sumamente alentador para quienes, manteniendo nuestra autonomía con respecto al gobierno, decidimos apoyar este proceso impulsando la profundización y radicalización de los cambios necesarios en la Argentina.
Sabemos muy bien que la necesaria autonomía política frente al gobierno bajo ningún punto de vista debe ser confundida con neutralidad, por lo cual desde el 2003 hemos apoyado medidas como la Asignación Universal por Hijo, la reestatización de las AFJP y de Aerolíneas, la ampliación de las jubilaciones, la vigencia de las paritarias, el matrimonio igualitario, las políticas de Derechos Humanos y ese gran paso de autonomía frente al imperio que significó la contracumbre de Mar del Plata donde se dejó atrás las “relaciones carnales” y se enterró el ALCA.
Teniendo en claro cuál es el enemigo principal, nos ubicamos correctamente en el conflicto con la burguesía agraria suscitado por la resolución 125, fuimos criticos de la teoría del “fin de ciclo” impulsada por los grandes monopolios informativos y en el 2009 construimos este acuerdo entre Nuevo Encuentro, el FPV y otros sectores que ha sido refrendado el pasado domingo.
Como sostuvimos después de las elecciones primarias del 14 de agosto, y desarrollamos en la nota editorial del N°3 de Cuadernos Marxistas, este es un triunfo que permite a la Presidenta avanzar en su proyecto de hegemonizar al Partido Justicialista, crea condiciones especiales para manejar la gobernabilidad del país y esto potencia las posibilidades de avanzar sobre los focos estructurales de matriz neoliberal que aún permanecen intactos.
Para los comunistas, que desde nuestra alianza en Nuevo Encuentro apoyamos la candidatura de la presidenta, este es el momento, por ejemplo, de tomar algunas medidas enérgicas en la recuperación de los recursos petroleros y gasíferos que permitan elaborar un proyecto energético propio. Están dadas las condiciones para encarar el problema de la minería, el cual no solo debe ser tomado en cuenta por el factor ambiental y contaminante, sino también por el saqueo que esta actividad representa, por lo cual se impone una nueva ley de minería que impida este saqueo por parte de los grandes monopolios trasnacionales. Existen mejores condiciones para afrontar una drástica recuperación de los ferrocarriles, para impulsar una reforma financiera y una reforma tributaria que permitan seguir potenciando el salario, avanzar hacia el 82 por ciento móvil en las jubilaciones, terminar con el trabajo ilegal y recomponer el 50 y 50 en el reparto de la renta como base para seguir avanzando en la distribución y creando condiciones para revertir los problemas que aún golpean a los argentinos y a los sectores populares en particular.
Hoy existen mejores condiciones para impulsar estos cambios estructurales y a eso apuntamos los comunistas desde un partido que se ubica en las contradicciones de clase, observando que se puede emprender un camino de profundización de los cambios, como única forma de impedir los intentos restauradores de las derechas o una posible descomposición que puede afectar a lo que se da en llamar el proyecto nacional si no profundiza el camino que, en realidad, le otorgó esta resonante victoria.
Sabemos que son imprescindibles cambios estructurales del capitalismo argentino y que mucho es lo que pueden aportar las reformas en este sentido, pero eso implica tener en claro que es indispensable atacar en profundidad la estructura capitalista del país en un contexto de crisis capitalista mundial.
Este es el desafío que se enfrenta después de este triunfo histórico de la presidenta, profundización de los cambios estructurales o restauración sigue siendo la disyuntiva de la hora y lo peor que puede hacer el gobierno es dormirse en los laureles de la avalancha de votos que conquistó.
De la mano de este apoyo popular es necesario avanzar rápidamente en todo lo que falta para dejar definitivamente atrás los peligros de recomposición de la derecha.
Ese es el desafío que debe enfrentar el gobierno y a su éxito queremos aportar los comunistas.
Por Patricio Echegaray
Sec. Gral. del Partido Comunista
jueves, 20 de octubre de 2011
En las últimas horas se ha confirmado la notica del asesinato de Muammar Khadafy
El mismo representa una renovada demostración de la barbarie imperialista que, avalado por las autodenominadas democracias occidentales, bajo el mando de los EEUU y la OTAN, no escatima echar mano a los métodos más aberrantes, sean estos bombardeos indiscriminados sobre poblaciones indefensas o asesinatos selectivos para defender sus intereses.
El asesinato de Khadafy representa además un fuerte llamado de atención para los pueblos latinoamericanos ya que, hace pocos días, el presidente Obama lanzó una impune amenaza al declarar que el “modelo de intervención” llevado adelante en Libia podía ser utilizado en cualquier región del mundo en la cual el imperio lo considere necesario.
Resulta imprescindible tomar debida cuenta del salvajismo que está alcanzando este imperio en crisis y decadencia y del peligro que representan para los pueblos las intervenciones militaristas que proponen para sostener su predominio todo lo que sea posible.
El repudio a estos hechos debe ir acompañado de un fuerte compromiso en la construcción de poder popular y unidad de las fuerzas populares para hacer frente de manera efectiva a estos ataques.
viernes, 26 de agosto de 2011
La vigencia de las ideas comunistas
En estos días se han cumplido 20 años del llamado “golpe de agosto” en la ex U.R.S.S.
El domingo 18 de agosto de 1991, Mijail Gorbachov se encontraba de vacaciones a orillas del Mar Negro. A la madrugada de ese día, le fueron cortadas las comunicaciones telefónicas y le fue anunciada la creación de un Comité Estatal de Emergencia que se haría cargo de la situación del país.
Columnas de tanques avanzaron sobre Moscú, instalándose frente a los edificios de Gobierno mientras miles de personas ganaron las calles y se acercaron a la “Casa Blanca”, sede del Parlamento Ruso, desde donde Boris Yeltsin, de pie sobre uno de los tanques, llamó a la huelga general y declaró anticonstitucional el Estado de Emergencia.
Luego de tres días de incertidumbre, con enfrentamientos aislados y varias vicisitudes que aún hoy hacen dudar sobre la “seriedad” del intento de golpe de estado por antiguos integrantes del aparato estatal, Gorbachov vuelve a Moscú el 22 de agosto a la madrugada y anuncia que el golpe había fracasado.
La verdadera intención de los golpistas y las circunstancias de su fracaso, si fue por impericia propia o si solo se trató de una farsa, son algunos de los puntos oscuros que aún perduran sobre esos días de agosto.
De cualquier manera, fue una expresión política del grado de deterioro y degradación política en el que se debatía el PCUS. Un telón trágico caía sobre la Perestroika, que proclamando la justa y prometedora promesa de más democracia y más socialismo, labró el camino para la liquidación de la experiencia abierta en el octubre bolchevique.
De lo que parece no haber ya dudas, es que este “intento de golpe” fue escenario perfecto sobre el cual irrumpió la figura que protagonizaría el fin de la U.R.S.S., eclipsando internacionalmente la estrella aún fulgurante de Gorbachov: Boris Yeltsin.
El 8 de diciembre de 1991 se reunieron en la residencia de Viskhuli, a escasos kilómetros de la frontera con Polonia, las delegaciones de Rusia, Ucrania y Bielorrusia encabezados por Boris Yeltsin, Leonid Kravchuk y Stanislau Shushkevech para firmar el acuerdo de creación de la Comunidad de Estados Independientes (C.E.I).
Aunque los delegados que allí se reunieron presentaron el acuerdo firmado como surgido sobre la marcha de la misma reunión, este fue producto de un frío y calculado golpe de gracia que Boris Yeltsin tenía preparado contra Mijail Gorbachov y contra la existencia de la U.R.S.S.
Para no perder el efecto que causarla la “sorpresiva” decisión y tranquilizar a la vez a los EE.UU. sobre las consecuencias de la misma, Yeltsin informó de esto a George Bush antes que al propio Gorbachov.
Ante esta situación, Gorbachov declaró que esta medida era anticonstitucional y que toda reforma de este tipo debía ser consultada con el pueblo y el parlamento, recordando que él aún era el Jefe de la Fuerzas Armadas, en las que efectuó cambios de cúpula para ubicar oficiales partidarios de la Unión, sin dejar de observar la posibilidad que se produzcan fracturas al interior del Ejército Rojo.
Esta medida tomada por los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, de conformar la C.E.I., fue recibida con cautela, en las primeras horas, por los EE.UU., ya que temían por el destino de las armas nucleares depositadas en el territorio soviético al no depender más de un poder centralizado en el Kremlin, con el cual las relaciones habían mejorado ostensiblemente desde la llegada de Gorbachov al poder.
Pero más allá de estos reparos, fueron significativas las declaraciones del Secretario de Estado norteamericano, James Baker, quien el 9 de diciembre declaró: “Creo que la Unión Soviética que conocíamos ya no existe más”.
El 12 de diciembre, Boris Yeltsin logra que el parlamento de la Federación Rusa vote la aprobación del acuerdo firmado en Minsk, capital de Bielorrusia, creando la Comunidad de Estados Independientes, lo que hace que Gorbachov deba aceptar la posibilidad de presentar su renuncia si la U.R.S.S. “es sepultada y el país es destrozado como un pastel”.
Al mismo tiempo que la C.E.I. era aprobada por el parlamento ruso, el bloque de repúblicas centroasiáticas (Kazaj, Tadjkistan, Kirguizia, Uzbekistán y Turkmenia) solicitaron su ingreso a la C.E.I. al igual que Moldavia y Armenia, lo que significó un duro golpe al ya debilitado poder de Gorbachov.
Hacia mediados de diciembre, Gorbachov; que ya en agosto -luego del fallido intento de Golpe de Estado- había resuelto la disolución del PCUS, otorgando la administración de sus bienes a los soviets (consejos); se encuentró ante un panorama de vacío de poder, con un importante número de repúblicas adhiriendo a la C.E.I., y con Boris Yeltsin ostentando un cada vez más claro apoyo de los EE.UU. y de gran parte de la comunidad internacional.
Fue así que el 26 de diciembre de 1991, seis años después de haber llegado al poder y de lanzar las políticas de Glasnot y Perestroika, Mijail Gorbachov presentó su renuncia.
En un discurso pronunciado por la Red Nacional de Televisión, Gorbachov dejó en claro la “inquietud” que en él provocaba el proceso de “desmembramiento de la Nación y de la disolución del Estado” encabezado por Yeltsin.
Al finalizar su corto discurso, poco más de doce minutos, Gorbachov firmó su renuncia y el decreto por el cual entregaba a Boris Yeltsin, como presidente de la Federación Rusa, el control de las fuerzas nucleares.
Como último símbolo de la desaparición de la U.R.S.S., la bandera roja con la hoz y el martillo, fue arriada por última vez del edificio del Kremlin y reemplazada por la roja, blanca y azul de Rusia.
De esta forma, quedó consolidada en el poder la figura de Boris Yeltsin, controvertido personaje, visto por algunos como un gran demócrata y por otros como un oportunista autoritario, quien asumió la responsabilidad de pilotear uno de los cambios más dramáticos en la historia de la ex-U.R.S.S con enormes consecuencias para el conjunto de la humanidad.
Fue el inicio de una desbordada revolución conservadora que, sin el contrapeso de la URSS, lanzó una feroz ofensiva sobre los pueblos que se dio a conocer bajo el nombre de globalización, definición que encubrió el auge del modelo capitalista de concentración y exclusión diseñado por el llamado Consenso de Washington.
Se desestructuraron los Estados de bienestar surgidos en Europa occidental en la pos segunda guerra mundial, instalando un modelo de concentración de la riqueza y aumento de la pobreza, mientras fructificaron las ideas que postulaban la maldad intrínseca del Estado y las bondades del mercado y la iniciativa privada.
Fue el acto cumbre de una tercera guerra mundial que libró en términos ideológicos y económicos, donde resultaron transitoriamente derrotados los ideales de la Revolución Rusa.
Pese a todo, la historia siguió en movimiento, los que prometieron paz y bienestar nos precipitaron en un mundo de guerras, concentración y financierización del capital, de desocupación y hambre para los pueblos
La soberbia de los triunfadores los llevó a declarar el fin de la historia, la muerte de las ideologías y a celebrar los funerales del marxismo.
Hoy, veinte años después, vivimos una situación que expresa un verdadero cambio de época. Estamos inmersos en la mayor crisis capitalista de la historia, de carácter civilizatorio, como consecuencia de los desastres realizados por el neoliberalismo. Asistimos al fracaso de quienes proclamaron la llegada de un nuevo orden mundial basado en la paz y la justicia una vez librado de la amenaza comunista.
Ante esto, enfrentamos nuevamente la necesidad de superar al capitalismo y retornar a los ideales comunistas. Vemos como nuestras ideas vuelven a formar parte del debate mundial y atraviesan las reflexiones de todos aquellos que buscan la conformación de un proyecto alternativo de sociedad.
A veinte años de los sucesos que llevaron a la caída de la URSS, queda claro que muchas críticas hemos realizado y muchas enseñanzas nos ha dejado el desarrollo de esa experiencia, pero la historia y las tragedias que el poder capitalista han derramado sobre el mundo nos pone nuevamente ante el desafío de, reivindicando los ideales comunistas, avanzar firmemente en la construcción de una sociedad más justa, por el camino del socialismo.
Patricio Echegaray - Secretario General del PC Argentino

